Perú repite un patrón viejo: sufre cuando le quitan la banda
En la Videna, cuando cierran el entrenamiento y apenas quedan los gritos del preparador físico flotando por ahí, el lío de Perú se ve clarito: si el rival le tapa la salida por fuera, la jugada se quiebra feo, casi en automático, y todo queda partido. Los defensas la tienen, los volantes la piden de espaldas, y el ‘9’ queda solo, lejísimos. Pasa siempre. No es nuevo. Es la misma foto, repetida, de varias eliminatorias.
El patrón que vuelve desde 2018
Perú ya pasó por esa película rumbo a Qatar 2022: cerrándole las bandas, varios rivales le secaron buena parte del circuito ofensivo. Y no hablo solo de tener la pelota por tenerla, hablo de profundidad de verdad, de llegar con filo. En ese proceso, la selección cerró con 19 goles en 18 partidos, promedio de 1.05 por encuentro. Número bravo. Te obliga a pelear cada punto como oro, oro puro.
Si miras más atrás, Rusia 2018 cambió en el resultado final, pero no tanto en la estructura, y a mí me parece que eso a veces se olvida porque se recuerda la épica. El equipo de Gareca levantó por intensidad y sincronía colectiva, no por una lluvia de ocasiones limpias. Cerró la eliminatoria con 27 goles en 18 fechas (1.5 por partido), bastante mejor que en 2022, sí, aunque muchas noches se definieron por detalles chiquitos: una pelota parada, una transición bien hecha, presión alta en el segundo exacto. Así fue.
Lo que veo para el próximo bloque es más parecido al tramo duro de 2022 que al cierre heroico de 2017. Y bueno, acá va mi postura, sin mucha vuelta: Perú no está para que el mercado la trate como selección de marcador amplio. Está para partidos cortos. Ásperos. De margen mínimo.
Prensa, entusiasmo y un dato que enfría
Desde el discurso público repiten que la blanquirroja “recupera identidad” con orden y compromiso. Puede ser, sí, no lo descarto. La cosa es que en eliminatorias sudamericanas el orden, solo, no alcanza si no metes volumen ofensivo sostenido, porque te quedas en intención y nada más. En temporadas recientes, Perú tuvo varios partidos de menos de 2.5 goles totales, y no fue casualidad: ritmo cortado, ataques largos sin remate y demasiada dependencia de una jugada puntual. Eso pesa.
Este miércoles 25 de febrero de 2026 se habla más de la lista, de quién entra y quién sale, que de la mecánica real del equipo. Para apostar, la mecánica manda más que el apellido, así de simple. Si un equipo demora en progresar por dentro y no pisa línea de fondo con continuidad, el partido se encoge. Se cierra.
Mi lectura va contra el optimismo facilón: en el próximo tramo de peru eliminatorias, Perú va a repetir su patrón de marcadores cortos. No digo que no pueda ganar, para nada. Digo que, históricamente, cuando la blanquirroja se queda sin desborde limpio, gana o pierde por uno. No por tres.
Qué mercados encajan con esa repetición histórica
Aquí no necesito inventar cuotas puntuales de partidos que todavía ni salen publicadas en esta agenda, sería floro nomás. Lo que sí se puede hacer, al toque, es traducir tendencia en mercados concretos. El primero: total de goles; históricamente Perú compite mejor en partidos de baja anotación que en ida y vuelta abierto. El segundo: “ambos equipos no marcan”, sobre todo ante rivales que atacan con pocos hombres y priorizan no romper estructura. El tercero, más finito, es empate al descanso cuando toca visita dura.
No es humo teórico. En la Copa América 2019, Perú llegó a la final desde un sistema que priorizó bloques compactos y transiciones medidas; en la final con Brasil, cuando el partido se abrió por obligación, la pasó mal. Y en la repesca de junio de 2022 ante Australia se vio algo parecido: dificultad para romper un bloque ordenado durante 120 minutos. Cambian técnicos, cambian nombres, la tendencia táctica vuelve, vuelve otra vez.
Y meto una comparación que me persigue hace años: este equipo, cuando no encuentra banda, suena como cajón golpeado con guante; hay ritmo, sí, pero falta filo. Puede incomodar. Puede resistir. Puede raspar un punto en plaza brava, aunque sea con la justa, pero le cuesta un montón convertir dominio territorial en goles.
Mi jugada para el próximo ciclo
Si mañana tuviera que poner mi plata en partidos de la seleccion peruana, no entraría a ganador de arranque salvo una situación muy favorable en Lima. Prefiero líneas de pocos goles y escenarios de primer tiempo trabado. No da. El historial reciente respalda más esa prudencia que cualquier relato emocional.
También dejaría una regla simple para no jalarse por la euforia: si el mercado infla una cuota corta de Perú por “camiseta” o por localía en el Nacional, yo paso de frente, y espero en vivo. Cuando el rival encierra a Perú por fuera en los primeros 15 minutos, el partido se convierte en lo de siempre: una pelea de centímetros.
En el Rímac, un taxista me dijo hace poco que extraña las noches de 2017. Yo también, qué piña. Pero apostar no es nostalgia, pe. Apostar, acá, es aceptar que la blanquirroja viene repitiendo el mismo guion y actuar en consecuencia.
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